Nel mezzo del cammin
di nostra vita", a los treinta y siete años de edad, Garcilaso perdió la
suya –"antes de tiempo dada a los agudos filos de la muerte"– el 13 ó
el 14 de octubre de 1536. El poeta coqueteó constantemente con la muerte y con
el amor en peligroso baile a dos bandas, concluyendo, como él presentía, con el
triunfo anticipado de la muerte.
Su fin le sobrevino prematuramente, pero no le cogió
desprevenido. Diseminada en su obra se perfila el continuo presentimiento de la
fatalidad, corolario final del asiduo ejercicio de las armas:
"Ejercitando, por mi mal, tu oficio,
soy reducido a términos que muerte
será mi postrimero beneficio."
La crítica
tradicional ha hecho de Garcilaso el paradigma del caballero al gusto
romántico, elevando a arquetipo su figura de gentilhombre que tomaba con igual
maestría "ora la espada, ora la pluma". Pero a menudo el arquetipo
oculta al hombre. Lo que esa antigua crítica entiende como feliz
complementariedad de facetas literarias y guerreras Garcilaso lo sintió como
desgarramiento de polos contradictorios: "Diverso entre contrarios"
se definió, como autorretrato visionado en el espejo de su biografía bipartida.
Ni siquiera en el
campo de batalla dejó Garcilaso de lanzar su permanente grito de angustia, que
era la patética protesta de quien, poseyendo un sensible corazón de poeta, se
vio abocado a la "furia infernal, por otro nombre guerra". Y así, en
los descansos de las batallas o en las pausas de las penosas marchas, Garcilaso
se despojaba con alivio de las armas para componer, en escapismo que tiene
mucho de deserción mental, sonetos de amor y églogas de ninfas y pastores.
Garcilaso no halló lugar en su creación para
misticismos de reclinatorio ni apologéticas guerreras, pese a lo cual su mujer
lo mandó esculpir en su sepulcro con arreos de soldado y en actitud orante.
Al final, nadie es
dueño de su imagen. El poeta del amor, que se vio a sí mismo como
"conducido mercenario", ha sido finalmente alzado a los pedestales de
la fama en traje de campaña y la historiografía ha gustado de recrearlo como
modelo de soldado-poeta.
A Garcilaso sólo
puede redimirle el que se le vuelva a leer con ojos nuevos, sin prejuicios. Con
ojos de “objetor”, sin ir más lejos.
http://perdidasmusas.blogspot.com/2015/06/garcilaso-paradigma-del-caballero.html?view=magazine
«Soneto V» de Garcilaso de la Vega por Rafael Castejón
«Soneto XXIII», de Garcilaso de la Vega por Santiago Auserón.
SONETO V
Escrito está en mi alma vuestro gesto,
y cuanto yo escribir de vos deseo;
vos sola lo escribisteis, yo lo leo
tan solo, que aun de vos me guardo en esto.
|
En esto estoy y estaré siempre puesto;
que aunque no cabe en mí cuanto en vos veo,
de tanto bien lo que no entiendo creo,
tomando ya la fe por presupuesto.
|
Yo no nací sino para quereros;
mi alma os ha cortado a su medida;
por hábito del alma mismo os quiero.
|
Cuanto tengo confieso yo deberos;
por vos nací, por vos tengo la vida,
por vos he de morir, y por vos muero.
y cuanto yo escribir de vos deseo;
vos sola lo escribisteis, yo lo leo
tan solo, que aun de vos me guardo en esto.
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En esto estoy y estaré siempre puesto;
que aunque no cabe en mí cuanto en vos veo,
de tanto bien lo que no entiendo creo,
tomando ya la fe por presupuesto.
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Yo no nací sino para quereros;
mi alma os ha cortado a su medida;
por hábito del alma mismo os quiero.
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Cuanto tengo confieso yo deberos;
por vos nací, por vos tengo la vida,
por vos he de morir, y por vos muero.
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